Polaquita

En un paseo por el Libro de Manuel no podemos pasar desapercibidos ante la fascinación de Ludmilla, encontrada también como Lud, Ludlud, o bien polaquita.

Aquí un fragmento que la captura in fraganti:

-Ni antes ni después – ruego yo que atiendo telepáticamente a la hinchazón rubicunda de la tortilla a la vez que pongo la mesa con una velocidad meritoria, entendiendo por mesa una servilleta de papel con un dibujo violeta y media botella de tinto, más un pan apenas empezado, operaciones tiernas y simples para vos,  Ludlud, para vos ahí en tu sillón, cansada y chiquita aunque de chiquita ni medio, uno sesenta y nueve y qué te cuento del porte, pero chiquita porque yo quiero que lo seas cuando te pienso y hasta cuando te veo y te beso y te, pero eso no ahora, y el pelo de paja, los ojos verdísimos, esa ñata respingada, que a veces se frota en mi cara y me llena de estrellas y sal y pimienta, dos hojas de lechuga que sobraron del mediodía, medio tristonas porque la vinagreta fatiga el vegetal, vení a comer Lud, vení pronto comediante del viejo palomar, pedacito de cielo del este, culito lindo, aquí en esta silla y ahora hago café para evribodi, ristretto, che, ristrettissimo como un cuadrito de Chardin todo sustancia y luz y perfume, un café que condense las magias de la noche como esas canciones de Leonard Cohen que me regaló Francine y que me gustan tanto *

* Julio Cortázar en Libro de Manuel, Alfaguara Literaturas, Primera Edición, p. 66

Un año más

Un día como hoy, un 12 de febrero en París, muere Julio Cortázar. El tiempo no pasa en vano, a su paso su trascendencia crece; mientras un lector suspira por alguna de sus obras, un nuevo aventurero comienza el paseo por alguna de sus líneas, las cuales persisten, viven, enamoran como desde su primera vez. 

Hoy un recuerdo, uno de tantos que se suman a tu memorable obra, Julio estás ahí. 

Acompañando esta nota, un fragmento de uno de mis favoritos, Libro de Manuel.

Claro que, observa el que te dije, a pesar de ese obstruccionismo subjetivo el tema subyacente es muy simple: 1) La realidad existe o no existe, en todo caso es incomprensible en su esencia, así como las esencias son incomprensibles en la realidad, y la comprensión es otro espejo para alondras, y la alondra es un pajarito, y un pajarito es el diminutivo de pájaro, y la palabra pájaro tiene tres sílabas, y cada sílaba tiene dos letras, y así es como se ve que la realidad existe ( puesto que alondras y sílabas ) pero que es incomprensible, porque además qué significa significar, o sea entre otras cosas decir que la realidad existe; 2) La realidad será incomprensible pero existe, o por lo menos es algo que nos ocurre o que cada uno hace ocurrir, de manera que una alegría, una necesidad elemental lleva a olvidar todo lo dicho (en 1) y pasar a 3) Acabamos de aceptar la realidad (en 2 ), sea lo que sea o como sea, y por consiguientes aceptamos estar instalados en ella, pero ahí mismo sabemos que, absurda o falsa o trucada, la realidad es un fracaso del hombre aunque no lo sea del pajarito que vuela sin hacerse preguntas y se muere sin saberlo. Así, fatalmente, si acabamos de aceptar lo dicho en 3), hay que pasar a 4). Esta realidad, a nivel de 3), es una estafa y hay que cambiarla. Aquí bifurcación, 5 a) y 5 b):

      – Ufa – dice Marcos. 

5 a) Cambiar la realidad para mí sólo – continúa el que te dije – es viejo y factible: Meister Eckart, Meister Zen, Meister Vedanta. Descubrir que el yo es ilusión, cultivar su jardín, ser santo, a la caza darle alcance, etcétera. No.

– Hacés bien – dice Marcos.

 5 b) Cambiar la realidad para todos – continúa el que te dije – es aceptar que todos son (deberían ser) lo que yo, y de alguna manera fundar lo real como humanidad. Eso significa admitir la historia, es decir la carrera humana por una pista falsa, una realidad aceptada hasta ahora como real y así nos va. Consecuencia, hay un solo deber y es encontrar la buena pista. Método, la revolución. Sí.

        – Che – dice Marcos – vos para los simplismos y las tautologías, pibe.

        – Es mi librito rojo de todas las mañanas – dice el que te dije –, y reconocé que si todo el mundo creyera en esos simplismos, a la Shell Mex no le seria tan fácil ponerte un tigre en el motor.

        – Es la Esso – dice Ludmilla, que tiene un Citroën de dos caballos al parecer paralizados de terror por el tigre puesto que se paran en cada esquina y el que te dije o yo o cualquiera tiene que empujar a las puteadas.

* Julio Cortázar en Libro de Manuel p.17.