Nuevo álbum

Esta mañana se siente más fría que cualquier otra, parece que no es suficiente con el suéter que me regalò Carolina el invierno pasado; no pienso tentar una enfermedad en estos días, así que no está mal que lleve la chamarra puesta.

Salgo de casa, el frío me hace temblar un poco o quizás también sea la emoción de comprar el nuevo álbum. Si estuvieras aquì, seguramente me dirìas que no saliera de casa; pues hoy las cosas no estàn nada bien en la ciudad; en las calles las sonrisas de los rostros han desaparecido, en los periódicos no hablan más que de la guerra, quizá por eso el ambiente en estos días está muy tenso.

Aunque la emociòn me gana; por eso sigo mi camino hacia la tienda de discos acompañado de esa sensación que tienes de niño cuando estás por recibir un regalo. Ahora estoy en la tienda, saludo a los empleados, evito preguntarles por el àlbum, siempre he preferido buscarlo por mi propia cuenta; me gusta esa sorpresa de encontrarlo por primera vez.

Sigo recorriendo los pasillos de la tienda hasta que de manera instantánea como un imán, mi mirada se atrae hacia el nuevo álbum, la emoción es demasiada, inmediatamente lo tomo; ahora sólo pienso en el momento de llegar a casa y escucharlo por primera vez.

Me dirijo a pagar y salgo de la tienda; aunque en la calle algo està pasando, la euforia del nuevo àlbum se sustituye por la sorpresa de comenzar a escuchar algunos gritos a lo lejos, la gente empieza a correr, no tengo idea de lo que está ocurriendo, las sirenas empiezan a sonar, hay mucha gente. Se escuchan algunos disparos, aparecen cada vez más patrullas, el ruido cada vez es más fuerte.

La gente sigue corriendo, se empujan unos con otros; algunos caen, se escuchan más disparos; unos se tiran al suelo, otros como en mí caso se quedan como espectadores, hasta que de pronto ya estoy en el suelo tambièn.

Instantàneamente el ruido se ha terminado, afortunadamente puedo ver que aùn traigo el àlbum conmigo; me detengo un instante para contemplar la portada, no me quedan dudas seguramente serà un gran àlbum y quizàs con fortuna lo escuchemos juntos por primera vez.

La Pensión

Nota especial:
Y después de todo, aquí está el cuento

Come Home Now
Dumont, Kanal, Stefani

I. Buenos Aires – México

Cecilia se acababa de enterar de la noticia, ahora le sorprende tener que viajar repentinamente a México y más todavía a Román, su pareja, con quien conversa vía telefónica.

– Entonces, ¡mañana viajas a México! – dijo él.
– Sí, todo por la confusión con el área de proyectos y por esa razón hoy me sorprenden con la noticia de que los boletos ya están listos para mañana –afirma Cecilia.
– Vaya confusión.
– Pero sólo será una semana, ¿me vas a extrañar, verdad? – preguntó ella.
– A cada instante. Lo único bueno es que ese tiempo me servirá para prepararte la mejor sorpresa que hayas tenido y todo estará listo a tu regreso.
– ¿De qué hablas?
– Quizá te adelante algo mientras te encuentres en México.
– ¿Y no podrías adelantar algo ahora?
– Es sorpresa, tendrás que esperar.
– Está bien, seré paciente.
– Oye, ¿te puedo ver al rato?
– La verdad, no creo. No sé a que hora vaya a salir, necesito terminar algunas cosas y después tengo que preparar la maleta.
– Entonces, ¡no te veré hasta tu regreso¡ ¿te puedo ver mañana?
– Pero mañana me voy muy temprano.
– ¿A qué hora tienes que estar en el aeropuerto?
– A las seis de la mañana.
– Muy temprano, pero paso por ti antes, para llevarte y despedirte.
– ¿Harías eso por mí?
– Sabes que eso y muchas cosas más.
– Bueno, entonces te espero mañana a esa hora.
– Estaré ahí por ti.
– Hasta mañana.

Cecilia cuelga el teléfono, mira el reloj, ahora se dedica a terminar algunos pendientes. Mientras tanto en la ciudad de México

– Entonces, ¿te adelantaron la presentación para mañana? – preguntó ella.
– Sí, eso me tiene realmente molesto, ya que se tenía programado para la otra semana.
– ¿Y eso?
– Todo por culpa de mi jefe, al no querer quedar mal con la otra empresa.
– Pero, ¿y la presentación con la que te iba a ayudar?
– Ya no la incluiremos.
– Si quieres, te puedo ayudar, aun queda tiempo.
– Pero no es tan rápido, te desvelarías y eso no me va a gustar.
– No hay problema. Puedo hacer eso por ti y muchas cosas más.
– Gracias Elisa, no es necesario.
– Lo haré, en cuanto esté lista la mando a tu correo.
– Está bien.
– Ahora ya te dejo para que nos apuremos. Te mando un beso.
– Gracias, igual.

Cuelgan el teléfono, Sebastián continúa con su proyecto. Las horas avanzan y aun no termina. Ahora suena su móvil

– Un mensaje de texto nuevo: “Ya mandé la presentación a tu correo. Suerte mañana. Te quiere: Elisa».
– ¿Qué haría sin su ayuda? Elisa que tanto me quiere y yo …

Sebastián revisa su correo para tener la presentación de Elisa; aunque no solamente le espera eso en su buzón, sino también noticias de alguien conocido y que seguramente será una sorpresa

– ¡Cecilia González, no es posible! Hace tanto que no sé nada de ti.

Escuchar este nombre siempre significó algo especial para Sebastián.

– ¿Y ahora? Que me tienes que contar.

El correo dice lo siguiente:

¡Hola Sebastián!

Voy a México unos días y me encantaría poder verte. Mañana salgo de Buenos Aires. Te marco en cuanto llegue o podrías marcar a mi casa, estaré en casa de mis papás. Te mando un gran abrazo y un beso.

Te extraña
Cecilia

No hay duda, la noticia tuvo un impacto significativo en él. Ahora se retira de la computadora y se recuesta en su cama.

– ¿Por qué? Ahora que ya no me acordaba de ti, vuelves a aparecer.

Sebastián en un estado completo de inquietud se dirige con su hermano Pablo para comentar la nueva noticia, ya está dormido, pero eso no le importa.

– Pablo, Pablo, despierta.
– ¿Que pasa?, ¿porqué me despiertas a esta hora?
– Me acabó de enterar que Cecilia viene a México unos días.
– ¿Cecilia?
– ¿No la recuerdas?
– No me digas que otra vez. No se supone que ya no significa nada para ti. Y ahora resulta que me despiertas a las dos de la mañana y puedo escuchar lo emocionado que estás.
– ¿Es qué no sé que hacer? No sé que pueda pasar si llego a verla otra vez.
– Pero ella es parte del pasado. Ya ni deberías pensar en todo esto. Creí que ya la habías olvidado, ahora me doy cuenta que no es así.
– Sabes que esa siempre fue mi intención y de hecho cuando se fue del país, todo se facilitó.
– Pero recuerda que el hecho de que venga a México, no significa que venga a buscarte a ti.
– En eso tienes razón.
– O, ¿acaso tienes alguna esperanza?
– No lo sé, pero no quisiera quedarme con la duda y prefiero enfrentarme con esta situación ahora que regrese.
– Si así lo piensas.
– Tú mejor que nadie debe entender lo que Cecilia significó para mí.
– Así es y por lo mismo, siempre insistiré en que ya la olvides. Pero si sientes algo por ella, tampoco te quitaré la intención y al contrario, si piensas que existe una esperanza quien quita y se queda en México en definitiva o te nos vas a Argentina.
– Quizás…
– Bueno, y a todo esto ¿cuándo llega?
– Mañana, según ella.
– Pues prepárate y si no hay bronca, te molestaría si me dejas dormir un poco más.
– Está bien. Gracias por escucharme.

Y con la euforia de la noticia, parece que Sebastián se ha olvidado de la presentación. Ahora reacciona.

– Bueno, ya debo terminar esto, sino, mañana en la presentación voy a estar todo dormido.

Los minutos pasaron y ahora Sebastián se va a dormir, sin embargo comienza a tener un pensamiento recurrente cuyo detalle comienza con c, con c de Cecilia.

Mientras tanto, horas después, en el aeropuerto de Buenos Aires se encuentran Cecilia y Román (su novio) despidiéndose.

-¡Te voy a extrañar tanto! – dijo él.
-Solo será una semana – agregó ella.
-Sí, pero será una eternidad para mí.
-Gracias por acompañarme.
-Nos vemos.

Cecilia y Román se funden en un abrazo. Tiempo de despedirse porque es momento de tomar el avión. Ahora Román tiene el tiempo necesario para preparar la sorpresa y esperar, solo esperar al regreso de Cecilia.

En tanto que en la ciudad de México, el amanecer llegó. Sebastián no hizo caso del despertador. Se despierta de pronto y mira su reloj.

-¡Las 8! Ya es tarde. La presentación es a las 10 y aún falta arreglar algunos detalles. Espero no haya demasiado tráfico.

Sebastián sale rápidamente de casa. Afortunadamente no había tanto tráfico y así pudo llegar a buena hora; ya está en la oficina, comienza a revisar que todo esté en orden para la presentación.

-¡Sebastián! La gente está por llegar. ¿Ya está todo listo? – pregunta su jefe.
-Así es, solo falta que lleguen todos para comenzar.
– Está bien Sebastián, tengo confianza en que todo va a salir bien.

Y así fue, la presentación se realizó sin ningún contratiempo y todo salió como lo esperaban. Y por esta razón comentarios favorables se escuchaban en el pasillo.

-Sr. Rosales, quiero comentarle que el joven que hizo la presentación, realizó un excelente trabajo. Si, muy buena propuesta, consideramos que es un proyecto muy acertado.

Y así siguieron los comentarios, motivo por el cual el Sr. Rosales anda buscando a Sebastián para agradecerle y felicitarle.

-Sebastián, ¿podrías venir a mi oficina, por favor?
-Sí, ¿qué pasó?
-Quiero comentarte que la gente salió muy contenta y en general todo salió bien gracias al trabajo que realizaste. Me da gusto, te felicito y como recompensa a tu esfuerzo quiero que te tomes el resto del día.
-En serio, la verdad es que agradezco sus comentarios, pero ahora necesito seguir trabajando que vienen nuevos proyectos.
-Sí, pero por hoy descansa. Anda y vete, antes de que me arrepienta.
-Está bien, muchas gracias. Nos veremos mañana entonces.

Sebastián sale de la oficina. Contento, pero inquieto; piensa en regresar a casa, aunque hay otras cuestiones que lo distraen por el momento.

-Cecilia, Cecilia, ¿porqué? ¿Y si voy al aeropuerto? Supongo que son pocos los vuelos que vienen de allá, sería agradable ir a recibirla. ¿Y si la sorpresa es para mí? No, mejor me voy a casa, por lo pronto me olvidaré de este asunto.

La Pensión (II)

II. Bienvenida a casa

El vuelo proveniente de Buenos Aires está a punto de aterrizar en la ciudad de México.

-De nuevo en mi país. Hace tanto que me fui y tanto que extraño estar por aquí.

Cecilia llega al aeropuerto de la ciudad de México. Sus padres la esperan ansiosamente.

-Ya quiero verla –dijo su mamá.
-Espera unos minutos, ya hemos esperado bastante, -dice su papá.

Cecilia, ya está en el aeropuerto; alcanza a observar a sus padres. Aunque ellos aún no la han visto, ella corre hacia donde están. El encuentro con sus padres ha sido un momento muy esperado, es algo con lo que había soñado desde que dejó el país.

-Los he extrañado demasiado.

– Nosotros también.
– Sí, porque a pesar de comunicarnos frecuentemente, no hay nada mejor que poder estar con ustedes y abrazarlos.

El camino la ha regresado a casa, donde tanto tiempo paso, y que ahora provoca en ella bastante nostalgia. Sonidos, colores e imágenes son parte de instantes que Cecilia realmente nunca olvidó.


-Mamá, no me digas que todo este tiempo has cuidado de mi recámara.
-Aún eres hija de familia, sabía que cualquier día regresarías y por eso todo está tal y como lo dejaste.
-Gracias, de hecho luce mejor que cuando vivía aquí -sonríe.
Este era el espacio más íntimo de Cecilia, ahora la tiene de vuelta. Comienza a buscar en los cajones, donde los recuerdos están en todas partes, ahora se encuentra con una nota, comienza a leerla, es de Sebastián.

¿Por qué no me lleve esta nota?, Sebastián, ¿qué estarás haciendo?, ¿habrás leído mi correo?

Mientras tanto, en alguna parte de la ciudad. Sebastián se encuentra acostado, mientras escucha un poco de música y su pensamiento va de aquí a allá.

Suena su teléfono, es Elisa

– ¿Bueno?
– ¡Hola!
– Elisa, ¿cómo estás?
– Bien, pero ya no supe nada de ti, ¿cómo te fue en la presentación?
– Muy bien, la gente salió muy contenta.
– Que bien, pues te esforzaste bastante.
– Así es y ahora estoy en mi casa.
– ¿Y eso?
– Me dieron la tarde como recompensa.
– ¿Y qué haces ahora? –pregunta ella-.
– Descansando, mientras escucho un poco de música
– ¿Y no te gustaría vernos al rato?, sirve que festejamos que te fue bien con la presentación.

– Mejor otro día, estoy un poco cansado.
– Bueno, está bien, entiendo y mejor te dejo descansar.
– Gracias, Elisa.
– Sebastián, te amo. Descansa.

– Igual.

Cuelgan el teléfono. Sebastián se recuesta, sube el volumen a la música. Segundos después suena el teléfono de su casa.

-¿Y ahora quién?

Ahora baja el volumen y contesta el teléfono.

-Bueno
-Sebastián, habla Cecilia. Ya estoy aquí.

No había más que decir, solo bastó con que mencionara su nombre para traer los recuerdos de golpe en ese instante

– No lo puedo creer. ¿Y eso? ¿Volviste?
– Si ya estoy en México, pero si quieres me regreso.
– ¿Desde cuándo?
– Desde hoy, llegué hace un rato.

– Sí, recibí un mensaje, pero no hay duda que es una sorpresa escucharte.
Los minutos pasaban, la conversación se extendía, había tanto que contar. Y después de algunos temas, una pregunta. Una pregunta que se había quedado esperando tanto tiempo y que se desvanecía al irse ella a Buenos Aires.

-¿Y cuándo nos vemos?

La Pensión (III)

III. Hablando de sorpresas

Los días pasaron, el encuentro esperado contaba los días para una fiesta que se organizaba en casa de Sebastián. ¿El pretexto? el cumpleaños de un amigo muy cercano de Sebastián y Pablo. La reunión comenzaba y poco a poco los amigos llegaban. Elías, uno de los amigos de antaño de los hermanos, pregunta por Pablo quien al parecer aún no llega a casa.

-¿Y tu hermano dónde anda?
-Ya viene en camino, no debe de tardar.

Y justamente cuando Elías pregunta, ahora suena el teléfono de Sebastián.

-Por cierto, es él.
– Pablo, ¿ya vienes? Aquí Elías y los demás preguntan por ti
– Si, ya voy y quizás me acompaña alguien.
– ¿Quién?
– Andrea.
– Vaya, vaya. Hasta que por fin se me hará conocerla.
– Aún no es seguro, espero que me pueda acompañar.
– Bueno, los esperamos y por lo pronto apúrate.
– Sí, ya voy en camino; nada más resuelvo lo de Andrea y en unos minutos estamos allá.

Cuelga el teléfono e inmediatamente la curiosidad se ha despertado en Sebastián, pues desde hace tiempo quiere darle forma a la mujer que le quita el sueño a su hermano. Los minutos pasaron y por fin llegó Pablo a la fiesta y en efecto viene con alguien. Se acerca con sus amigos y comienza a saludarlos.

-Sebastián, te presento a Andrea.
-Hasta que por fin nos conocemos.
-Si verdad, ya era momento – responde Andrea.
-Bueno, los dejo un momento, sirve de que se conocen, voy a ver a los demás.

El instante sirvió para que Sebastián y Andrea se conocieran, y así poder saber un poco más de los mundos de cada uno de ellos.

-¿Sabes algo Sebastián? – agrega Andrea.
-¿Qué pasa?
-Ahorita estoy pasando por un momento muy difícil, parece que me gusta sufrir en esto del amor.
-¿Y eso?
-Enamorarse de la persona equivocada y sin embargo aferrarse a algo que no es posible.
-Sí, vaya que si; es algo que suele pasar.
-¿Y tú corazón como está Sebastián?
-Que te puedo decir, mejor sígueme platicando -sonrié Sebastián.

La plática continuó, y asi permitir el acercamiento entre los mundos de estos dos mortales. Instantes después Pablo busca un momento para platicar con Sebastián, ahora se lo encuentra en el pasillo.

– Hermano, ¿qué dices al respecto?
– Empiezo a conocer los ingredientes que te tienen así.
– Así es, y aunque ya no quiero nada con ella, cada vez me aferro más. ¿No sé que hacer?
– Sí ya me di cuenta.
– La amo demasiado, pero esto tiene que acabar.
– Pablo, sabemos las respuestas.
– Lo sé, pero a veces no es tan fácil.
– Eso si, son situaciones que nunca serán fáciles de manejar.
– La amo, sabes que así es.
– Lo sé perfectamente; es momento de tomar una decisión. Bien sabes que ya no puedes estar así
-Si, no me siento bien. Mira ella tan sonriente. La quiero Sebastián.
-Te entiendo Pablo.
– Por cierto, ¿y a todo esto, no se supone que Cecilia estaría aquí también?
-Lo has dicho bien, se supone que ya debería estar por aquí, no puede faltar.
-¿Estás seguro de que va a venir?
-Si, no puede faltar, además las sorpresas están preparadas.
-Si, eso si, espero que no falle de nuevo. Aunque esto me suena a la misma historia de siempre.

El tiempo pasa y ahora comienza a inquietarse Sebastián, suena su teléfono, es Cecilia.

-Sebastián, te vas a molestar. No voy a poder ir. He tenido un contratiempo.
-¿Y eso?
-Han ocurrido miles de cosas. Sabes que me hubiera gustado estar ahí, pero ya luego te contaré los detalles.
-¿Estás bien?
-Sí, todo está bien, solo unos detalles que tengo que resolver.
-Está bien, luego platicamos.
-Te cuento luego, espero que no te haya molestado. Te mando un abrazo.
-Gracias, nos hablamos.

Interviene Pablo.

¿Era Cecilia? ¿Qué pasó con ella?
-No vendrá, me acaba de marcar que surgió un contratiempo.
-Que mal, no será la primera vez verdad.¿Y según ella porqué no puede venir?
-No lo sé, no me dijo los detalles.
-Está bien, ella se lo pierde. Por cierto, al rato voy a ir a dejar a Andrea a su casa; pero de paso aprovecharé para hablar con ella.
-¿Y eso?
-Necesito expresar lo que siento, ya no puedo estar así. Y aprovechando, ¿puedo hacer uso de las flores? al fin ya no se las darás a Cecilia.
-Adelante Pablo, conquístala.
-No creo, es para darle un detalle en nuestra despedida.
-¿Por qué dices eso?
-Ya te contaré después.

Pablo aún no estaba convencido de lo que iba a hacer, realmente no lo iba a estar, pero al menos esa era la intención. Andrea nunca imaginó la sorpresa que preparaba Pablo; así que tomó las flores y la acompañó a su casa.

-¿Y qué vas a hacer mañana? pregunta Andrea.
– Aún no lo sé.
– Si te parece nos podemos ver un rato.
– No creo, pero yo te aviso.

Andrea notaba un poco serio y distraído a Pablo, ahora van rumbo a casa. Suben un poco el volumen de la radio. Ahora llegan a su casa, Pablo le dice que espere en el carro. Se dirige a la cajuela por las flores. Ella se asoma por el retrovisor y se sorprende al verlo con unas flores. Pablo abre la puerta decidido a comenzar con su monólogo.

-¡Andrea, esto es para ti!– entrega las flores-. Y no digas más, que esto es por la despedida.
-Pero, ¿qué pasa?
-Solo quiero decir que hasta aquí llegamos y no digas más para que no sea más difícil esto.
-Pero, ¿por qué?
-No hay más que decir,
-Pero, ¿qué pasa Pablo?
-No digas más Andrea.

Pablo la abraza, la noche es testigo de la despedida. Ahora sube a su carro y ella solamente lo ve partir.

La Pensión (IV)

IV. México – Buenos Aires

Los días habían pasado desde aquella despedida; el encuentro con Cecilia aún no llegado. Ahora platican después de todo esto, Pablo y Sebastián.

– Sebastián, seré sincero, todo parecía que aquel día era el último que vería a Andrea, pero creo que no será así. Cada día que pasa es más difícil sostener esa decisión, porque ella es la mujer a la que amo, la que le da significado a mi búsqueda. Ella es la que despierta a esa persona que me gusta ser. Andrea es todo eso y muchas cosas más y por esas razones no la puedo dejar, sé que suena absurdo pero en estos momentos no puedo amar a otra persona que no sea ella.

– ¿A quién le hablas Pablo? Me tratas de dar una explicación o de justificarte. Porque no existe razón para que lo hagas, tú bien sabes que me encuentro en una situación muy similar, y sería el menos indicado para hablar sobre tu decisión, pues sé que el día de mañana podría ir con Cecilia y hacer exactamente lo mismo. Sé que Andrea es tu gran tormenta de emociones y solo hasta que pruebes eso que algo muy dentro de tu ser está pidiendo encontrar, seguramente el panorama se abrirá y ahora sí podrás definir si Andrea es lo que quieres o solo era una obsesión.

-Sabemos que en esto las respuestas están ahí, sin embargo seguimos pensando en ellas como huéspedes especiales de esta pensión. ¿No lo crees?
-Se escuchó chistoso eso, en una de esas te robo la idea y hasta un cuento me animo a escribir.
-No estaría mal. -¿Y Cecilia?¿Cuándo se va? ¿Aún no la has visto verdad?
-Desde la fiesta no sé nada de ella, sé que no es mucho el tiempo que estará por acá.
-¿Y le vas a marcar?
-Prefiero resistirme por el momento.


Mientras tanto, en otro lado de la ciudad. Cecilia está a un día de regresar a Buenos Aires, el proyecto había concluido. El boleto marcaba el destino de regreso. Cecilia habló poco con Román, pero recordaba que una sorpresa le esperaba al regreso, aunque no tenía idea de los planes de su novio. Ahora solo pensaba en poder encontrarse con Sebastián. Cecilia decide marcarle y conseguir a como de lugar un encuentro con él.

-Sebastián, que bueno encontrarte.
– Cecilia, gusto saber de ti, ¿cómo estás?
– Bien, solo que mañana me voy y no quiero irme sin verte.
-¿Mañana te vas?, tan pronto, pensé que te quedarías más tiempo.
-No, el proyecto terminó y es momento de regresar, ¿te parecería si nos vemos ahora? Se que suena apresurado, pero mañana me voy.
-Está bien, te entiendo perfectamente ¿dónde nos vemos?
– Te parece, mismo lugar de siempre.
-Está bien, nos vemos ahí en una hora.

El café de las hojas azules, estaba listo para un encuentro que tenía años de no ocurrir, y que ahora los vuelve a unir en un encuentro casual una vez más.

-Hace cuanto tiempo estábamos por aquí.
-Si, hace mucho tiempo.
-¿Quién iba a imaginar que después de tanto tiempo estaríamos de nuevo en este lugar?
-Sí, solo que ahora estamos a instantes de una despedida más.
-No digas cosas tristes.
-Este instante es único y mañana quizás estemos en otras situaciones.
-Sí, instantes que siempre quedan para el recuerdo.
-Como aquella vez de las luces, ¿lo recuerdas?
-¡Como olvidarlo!
-¿Y te acuerdas de…?

La conversación seguía y seguía, el paseo por los recuerdos los tenía en un encuentro para recordar como buenos cómplices que siempre han sido.

-Te voy a hacer una pregunta.
– A ver.
-Cecilia, ¿crees que mi corazón siga respondiendo al tuyo?

Una pregunta que se sentía y que le daba un sabor especial al encuentro, y quizá con la respuesta darle lugar a muchos sentimientos y pensamientos. El abrazo, la despedida y el te voy a extrañar mucho eran los ingredientes de la despedida. Una despedida que anunciaba que esta pareja ni en novelas se podría unir. Ahora es momento de que cada uno tome su camino, el cual los lleva de regreso a casa.

Sebastián llega a casa, encuentra a Pablo despierto.

-¿Aún despierto?
-Sí, leyendo un poco.
-Que tal, ¿como te fue?
-Bien, muy bien.
-¿Y se va a quedar o te nos vas a Buenos Aires?
-Parece que ninguna, sonrié Sebastián.
-¿Y en qué quedaron o qué pasó?
-Ha sido un muy buen encuentro, no puedo negar lo que siento por ella, pero siento que mi corazón ya no quiere buscar refugio en su pensión.
-Al menos, la situación no es triste.
-No, fue muy positivo el encuentro.
-¿Y tú, como vas con Andrea?
-Ni lo menciones, me acabó de enterar que regresó con el que era su novio. Me imagino que algo te contó de él.
-Si, algo me mencionó en la fiesta. ¿Y porqué, si me contaba que no era buena la relación?
-Pues ya ves, parece que a alguien le gusta sufrir. Oye ¿y Elisa?
– Vaya pregunta, tengo que hablar con ella. Tengo que compartirle lo que siento y espero me pueda entender.
-Sí, es lo más honesto de tu parte.
-Pues sí.
-Hermano, sin duda que debemos aprender de las experiencias y seguir adelante, esperando que uno de estos días llegue la huésped más especial a pedir una estancia definitiva en esta pensión.
-Si, nada me daría más gusto.

Horas más tarde, el destino decía: Buenos Aires; donde Román y la sorpresa esperan a Cecilia. Ahora ella va rumbo a Argentina, inquieta por el regreso a México y por la sorpresa que Román le prometió. Ahora ella está de regreso y Román la espera impaciente, ahora se encuentran con un abrazo, parece que no tan eufórico como el de la despedida.

-Cecilia, te extrañé tanto.
-Pero si solo fueron unos días -sonríe ella.
-Para mí, una eternidad.
-Y a todo esto, ¿cuál es tu sorpresa? me venía acordando hace unos instantes.
-¿Quieres saber ya?
-Anda ya.
-A mí me emociona demasiado.
-Anda, anda.
-Está bien. Cecilia esto es para ti, -entrega un anillo.

Cecilia no da lugar a la sorpresa.

-¿Y esto?
-Cecilia, la sorpresa es el anillo y preguntarte ¿si quieres casarte conmigo?
-Pero Román.
-Cecilia, eres la mujer de mi vida y quiero compartirla contigo.
-Así que esta es la sorpresa, pues vaya que me has sorprendido.
-¿Y qué me tienes que decir?
-Román, todo esto me sorprende demasiado.
-Si quieres no contestes ahora.

La pregunta sacudió a Cecilia, no imaginaba que esta fuera la sorpresa; la respuesta no necesita expresarla para que ustedes sepan cual fue. Días después el proyecto de Cecilia en esta ciudad ha concluido; ahora planea el regreso a ciudad de México, el cual parece ser definitivo.

Meses después el regreso se confirmaba y mientras tanto en la ciudad de México.

-Sebastián, está sonando el teléfono, ¿porqué no contestas?
-Ya voy, ya voy, creo que es para mí. Contesta por favor Pablo.

Pablo contesta el teléfono.

-¿Bueno?
-¿Está Sebastián?
– Si.
– ¿Quién lo busca?
– Laila.
-¿Laila?
– Ahorita le llamo…
– Sebastián, te habla Laila. ¿y ella quién es?
– Luego te cuento hermano, luego te cuento…

Algo dejaste en el camino


La hora indicaba las 7 de la mañana y como es costumbre, Vicente toma el bús que lo
lleve a la ciudad de Malaga.

Como siempre, Vicente suele llegar segundos antes de la hora a la terminal; aunque esto no suele ser problema, parece que todo está completamente organizado; pues la señorita de la taquilla ya sabe que el destino de este joven es Malaga, el chofer parece solo esperarle.
Así que todo es cuestión de que Vicente se presente en la taquilla, pague su boleto y aborde el autobús.

Malaga, 7 am Asiento 14 Vicente Rodríguez
Ahora aborda el bús, el chofer cierra la puerta e inicia la marcha del motor, momento de comenzar el viaje.

Vicente ahora se sienta en el lugar marcado con el número 14. Se recuesta un poco, abre la cortina, desea ser testigo del recorrido. Ahora coloca sus audífonos, comienza a reproducir algunas canciones, parece que la recién selección de canciones lo inquietan un poco.

La inquietud viene acompañada con el recuerdo de Carolina, la misma que le da vida a los latidos de su corazón y que ahora la tiene tan lejos.

En efecto, ella se encuentra en Madrid; pero la distancia terrenal no es la que le ocupa a Vicente, sino lo que le inquieta es que cada vez la siente más lejos de su corazón. Ahora recorre un poco más la cortina, intenta encontrar señales, recorre a la siguiente canción; se pierde un instante en su pensamiento.

Los minutos avanzan lentamente, ahora se encuentra más cerca de su destino rutinario; donde el camino sigue siendo testigo fiel, al mismo que le comunica a cada instante la inquietud de volver a acercarse a su cómplice, la misma que le ha brindado tantos instantes extraordinarios y que ahora el momento los tiene tan distantes.

Carolina, Carolina…

El chofer avisa que están por llegar a la ciudad; será momento de continuar el recorrido. La ruta lo llevó ahora a su destino de costumbre; ahora se dirige al Museo de Artes a continuar su jornada.

del cuento: El Viaje

Cecilia está de nuevo de visita, ahora han pasado muchas cosas y de nuevo se encuentra con Sebastián.

– ¿Y vas a dejar que siga pasando lo mismo? Sebastián, ¿qué tiene que decir al respecto?
– Vaya pregunta Cecilia.
– ¿Te vas a quedar ahí, sin hacer nada? ¿Vas a dejar que el tiempo se lleve tus mejores días? Eso sólo tú lo respondes, pero si no quieres correr con la misma suerte, haz algo y te aseguro que por ese camino no llegarás a donde quieres.

Una pregunta que hacía temblar la tierra, en ese instante Sebastián no quiso contestar nada, solo lo dejó pensando.

Y así fue, la inquietud se prolongó; el día casi termina, ahora Sebastián intenta descansar y sin embargo no deja de pensar en la pregunta de Cecilia.

¿Laila, que ha pasado todos estos días?

Próximamente
El Viaje
Cuentos

del cuento "El regreso"

– Cecilia, ¿qué venderá más, el amor o el desamor?
– Sin duda que el desamor.

Una pregunta que se hacía mientras el atardecer nos acompañaba; ahora el mismo atardecer previo a cruzar un semáforo me trae la misma pregunta como un recuerdo que aparece de pronto, junto con el ámbar de la precaución.

– ¿ Y Laila cómo está? Pregunta que aparece cuando el semáforo anuncia el verde y que suele preguntar Cecilia.

Ahora Sebastián desciende del auto que lo transportaba; voltea al cielo, mira el atardecer; camina entre la gente tratando de distraerse de aquella idea que le inquieta desde hace tiempo.

Ahora se tropieza con el mismo poema de hace unos días, con la misma canción de hace unos días y el mismo cosquilleo de hace unos días…

Próximamente
El Regreso
Cuentos

del cuento: La Pensión

Fragmentos de un borrador, llamado: La Pensión.


Mientras tanto la canción a todo volumen. Sebastián solo escucha eso. Ahora baja el volumen y contesta el teléfono.

-Bueno
-Sebastián, habla Cecilia. Ya estoy aquí.

No había más que decir, solo bastó con que mencionara su nombre para traer los recuerdos de golpe en ese instante

– No lo puedo creer. ¿Y eso? ¿Volviste?
– Si ya estoy en México, pero si quieres me regreso.
– ¿Desde cuándo?
– Desde hoy, llegué hace un rato.

Próximamente
La Pensión
Cuentos

De regreso

Y después de tener un rato de no compartir un nuevo texto, aquí tengo «De regreso» el cual espero te guste y sino coméntalo también…


De regreso


Cuando la edad no daba más que para bicicletas y salir a la calle, las tardes tenían un gran significado. Ellos sabían que tenían que apurarse a terminar la tarea, o bien mentir diciendo que ya la habían “terminado” para así poder salir a jugar.

Esos momentos eran realmente muy divertidos y por eso todos buscaban la forma de salir a jugar. Solo la noche era el límite para terminar el juego, cada día era una nueva oportunidad para compartir, para crear recuerdos inolvidables, para reír hasta el cansancio y así pasaron los días durante esta etapa tan inolvidable para ellos.

Naturalmente después llegó el momento que dejaron las bicicletas y los muñecos, por las salidas al parque, por el helado, por el cine y sobretodo por comenzar a formar parejas. Y así fue como empezaron a darse cuenta que entre ella y él, había un sentimiento que era nuevo, que hacía sentir algo especial por esa persona y que los convertía en inseparables.

Ahora sus encuentros incluían la palabra amor; las calles lo podían percibir y a su paso quedaba impregnado el significado de una relación extraordinaria. Compartían cada momento que podían, por que ahora las mentiras seguían siendo blancas, pero ahora lo hacían para verse una vez más.

Sin embargo, un día todo cambió, por algo que ustedes llaman “destino”. Las circunstancias (familia, trabajo y sobretodo dinero) obligaron a ella a ir a vivir a otro país, pues su familia no tenía otra opción. La separación fue muy difícil, había un lazo bastante estrecho que impedía el concebir separarse “quizá para siempre” aunque ellos no lo querían ver así.

Las promesas aparecieron y así quedaron en comunicarse y porqué no, volverse a encontrar algún día. Después los dos eran correspondidos por correspondencia, trataban de escribir muy seguido, seguían contando cada una de las cosas que realizaban, gracias a esto, cada una de estas cartas podía unir sus mundos y así seguir compartiendo cada una de sus experiencias.

Sin embargo, el tiempo y la distancia ayudaron a desvanecer los recuerdos. Poco a poco el ambiente comenzó a cambiar y la frecuencia del envío de mensajes era cada vez menor, de alguna forma tenía que pasar…

Y mientras tú sigues muy lejos, con suerte y quizá acordándote de mí. Te cuento que hoy pensé en ti, pues en la escuela hablaron de un cuento de Chéjov y yo después lo releí hasta el cansancio, ¿quieren saber porqué? En el libro había una frase que decía: “Porque en el amor, aquel que más ama, es el más débil”

Me gustaría verte uno de estos días.