Parte de un diario

Querer en el recuerdo – No hay exactamente un recuerdo, sino emociones y sentimientos que en el recuerdo persisten adheridos a su materia deseada y servida. Especial tonalidad de este querer: lo que lo hace tan penetrante es que vale como un sentimiento vivo y actual aplicándose a una materia parecida. 

Sentir hoy lo que entonces fue – (Desajuste terrible y maravilloso entre la capacidad de amor del niño y el mínimo valor de lo que ama. Un gato, una figurita, una caricia, un final de cuento, una bola de vidrio… Casi inefable darse cuenta que pasamos indiferentes ante la vitrina donde brillan las esferas multicolores, mientras en nuestro recuerdo duerme vivo el amor por una esfera que ya no existe). *

* Julio Cortázar en Diario de Andrés Fava.

En plural: Entrevista a Julio

Para los que amamos la obra de Julio, si en demasiado plural aquí un fragmento de una entrevista, platicando sobre su obra (incluyendo Rayuela)

—Hay dos maneras de influir en la gente joven. Hay la manera que no les gusta, de enseñar con textos y teorías y hay otra manera, la que tú describiste una vez: poner una película de Buster Keaton en vez de enseñar. Esto es lo que es Rayuela para los jóvenes. Les acompaña; no están tan solos, tienen compañía.

Claro. Te puedo dar un ejemplo muy patético. Un día recibí una carta de los Estados Unidos, de una niña, una chica de diecinueve años, encantadora, que escribía muy bien, poeta. Me decía: «Dear Mr. Cortázar, le escribo para decirle que su libro Hopscotch me ha salvado la vida». Cuando leí esa primera frase, me quedé…, porque es terrible sentirse responsable de la vida de los demás, ¿no? Me decía: «mi amante me abandonó hace una semana. Yo tengo diecinueve y es el único hombre que había conocido, lo amaba profundamente y cuando me abandonó, decidí suicidarme. Y no lo hice en seguida porque tenía algunos problemas prácticos que resolver» (tenía que escribirle a su madre, en fin, ese tipo de cosas de los suicidas, ¿no?). «Pasé dos días en casa de una amiga y encima de una mesa había un libro que se llamaba Hopscotch. Y entonces empecé a leerlo. Yo me iba a matar al día siguiente y había comprado ya las pastillas. Leí el libro, lo seguí leyendo, lo leí toda la noche y cuando lo terminé, tiré las pastillas porque me di cuenta de que mis problemas no eran solamente los míos sino los de mucha gente. Y entonces quiero decirle que Ud. me ha salvado la vida. Y que ahora, a pesar de lo triste que estoy, pienso que tengo diecinueve años, que soy joven, que soy bonita—es una carta muy ingenua—, que me gusta bailar, que me gusta la poesía, que quiero escribir poesía, que ya he escrito para mí poemas y voy a tratar de vivir.» Fíjate la impresión que me hizo a mí esta carta. Fue increíble. Entonces yo le contesté dos líneas diciéndole, «mira me haces muy feliz al pensar que la casualidad ha hecho que yo haya podido ayudarte como un amigo, porque si a lo mejor hay mucha gente que piensa matarse y un amigo está allí, y lo toma así, lo convence de que es una tontería». Bueno, el libro era el amigo porque fue como si yo estuviera allí. Y desde entonces, hace cuatro años de esto, nos escribimos; ella me escribe, me manda poemas y le va bien. Supongo que tiene otro amigo y que está viviendo muy bien, ¿comprendes?

—Podemos añadir a una tercera etapa, todavía cronológica, con Historia de cronopios y de famas y con Rayuela, donde tú entras de lleno en la tentativa de cambiar la realidad, de buscar la autenticidad en la vida y en la literatura con una buena dosis de humor, de juego y de optimismo.Entonces, en Rayuela sobre todo, hay ese sentimiento continuo de estar en un mundo que no es lo que debería ser porque—y aquí hago un paréntesis que me parece importante—, ha habido críticos que han pensado que Rayuela era un libro profundamente pesimista en el sentido de que no se hace en él más que lamentar el estado de cosas. 

Yo creo que es un libro profundamente optimista porque Oliveira, a pesar de su carácter bronco, como decimos los argentinos, sus cóleras, su mediocridad mental, su incapacidad de ir más allá de ciertos límites, es un hombre que se golpea contra la pared, la pared del amor, la pared de la vida cotidiana, la pared de los sistemas filosóficos. Se golpea la cabeza contra todo eso porque es un optimista en el fondo, porque él cree que un día, ya no para él pero para otros, algún día esa pared va a caer y del otro lado está el «kibutz del deseo», está el reino milenario, está el hombre verdadero, ese proyecto humano que él imagina y que no se ha realizado hasta este momento.

— ¿Sabes por qué lo pregunto? En Rayuela, Oliveira siempre está pensando en cruzar un puente o llegar al absoluto, al centro, al kibutz, pero la persona que lo puede hacer muy fácilmente es una mujer, la Maga. En el Libro de Manuel parece que otra vez es la mujer, es Ludmilla yendo con la Joda que tiende el puente a Andrés.

—Me parece una excelente hipótesis tuya pero yo no te puedo confirmar. Como pasa siempre con las obras abiertas, es perfectamente posible.

—Fíjate también en Talita que es la que cruza el puente.

—Sí, siempre es una de las figuras femeninas la que hace el pasaje o que le muestra el pasaje a un hombre. Sí, es cierto.

De maderas

Un relato extraído de su libro Territorios, aquí tenemos una vez más al magnífico Cortázar.

Aserrín aserrán 

Empezaron por quitarle la pipa de la boca.
Los zapatos se los quitó el mismo, apenas el hombre
de blanco miró hacia abajo.
Le quitaron la noción del cumpleaños, los fósforos y la
corbata, la bandada de palomas en el techo de la casa
vecina, Alicia. El disco del teléfono, los pantalones.
Él ayudó a salirse del saco y los pañuelos. Por
precaución le quitaron los almohadones de la sala y esa
noción de que Ezra Pound no era un gran poeta.
Les entregó voluntariamente los anteojos de ver
cerca, los bifocales y los de sol. Los de luna casi no
los había usado y ni siquiera los vieron.
Le quitaron el alfabeto y el arroz con pollo, su
hermana muerta a los diez años, la guerra de Vietnam y los
discos de Earl Hines. Cuando le quitaron lo que faltaba
– esas cosas llevan tiempo, pero también se lo habían quitado -,
empezó a reírse.
Le quitaron la risa y el hombre de blanco esperó,
porque él sí tenía todo el tiempo necesario.
Al final pidió pan y no le dieron, pidió queso y le dieron
un hueso.
Lo que sigue lo sabe cualquier niño, pregúntele.

Nueve respuestas serpentinas

Uno de los textos que encontré de hace tiempo, Alberto Ruy Sánchez por allá del 2005 en el Festival Literario de Berlín: 

NUEVE RESPUESTAS SERPENTINAS que se muerden la cola, para saber qué hace al poeta de pronto surgir como poeta 

1. Sentir que el cuerpo es una casa llena de fantasmas.
2. Comprobar que nunca acaba el beso que incendia al
mundo.
3. Pero también, de pronto, sentir el beso de la muerte.
2. Despertar dentro del sueño.
3. Mirar con otros ojos otras vidas.
4. Ser mirado con los ojos cerrados de la persona amada.
5. Entre la rabia y el asombro, saber insoportable el
aliento contenido.
6. Estar seguro, por un instante al menos, de que la magia
de las palabras cambia al mundo.
7. Conocer la fiebre en la sombra cuando se vuelve voz y
se vuelve viento.
8. Sentir en la boca un torbellino o la aguda presencia de
la nada.
9. Dejarse navegar por el deseo como se lleva en la sangre
una nave pirata.

Exámenes y diarios

Una obra que tardó en salir a la luz pública por voluntad del mismo Julio: El examen. Fue publicada de manera póstuma, encuentra un complemento en El diario de Andrés Fava. Aprovecho para compartir un fragmento ahora que vuelvo a colarme en el paseo de sus páginas. 

-Cuando yo me despierto- dijo Juan – lo primero que se me ocurre como medida de emergencia es volver a dormirme. 

– Lo que llaman cerrar los ojos a la realidad – dijo Andrés -. Ahora fijate en esto, que es importante. Hablás de volver a dormirte y tratás de hacerlo. Pero te equivocás al creer que en esa forma te vas a replegar sobre vos mismo, que te vas a amurallar detrás de lo que te defiende de eso que está enfrente de vos. Dormir no es más que perderse, y cuando tratás de dormirte lo que estás buscando es una segunda fuga.

-Ya sé, una muertecita liviana, sin consecuencias – dijo Juan-. Pero viejo, ése es el gran prestigio del dormir, la perfección del apoliyo. Vacaciones de sí mismo, no ver y no verse. Perfecto, che. *

* Fragmento extraído con datos de la 1a Edición: El Examen, Julio Cortázar, 1a Edición, Buenos Aires, Suma de Letras Argentina.

Un año más

Un día como hoy, un 12 de febrero en París, muere Julio Cortázar. El tiempo no pasa en vano, a su paso su trascendencia crece; mientras un lector suspira por alguna de sus obras, un nuevo aventurero comienza el paseo por alguna de sus líneas, las cuales persisten, viven, enamoran como desde su primera vez. 

Hoy un recuerdo, uno de tantos que se suman a tu memorable obra, Julio estás ahí. 

Acompañando esta nota, un fragmento de uno de mis favoritos, Libro de Manuel.

Claro que, observa el que te dije, a pesar de ese obstruccionismo subjetivo el tema subyacente es muy simple: 1) La realidad existe o no existe, en todo caso es incomprensible en su esencia, así como las esencias son incomprensibles en la realidad, y la comprensión es otro espejo para alondras, y la alondra es un pajarito, y un pajarito es el diminutivo de pájaro, y la palabra pájaro tiene tres sílabas, y cada sílaba tiene dos letras, y así es como se ve que la realidad existe ( puesto que alondras y sílabas ) pero que es incomprensible, porque además qué significa significar, o sea entre otras cosas decir que la realidad existe; 2) La realidad será incomprensible pero existe, o por lo menos es algo que nos ocurre o que cada uno hace ocurrir, de manera que una alegría, una necesidad elemental lleva a olvidar todo lo dicho (en 1) y pasar a 3) Acabamos de aceptar la realidad (en 2 ), sea lo que sea o como sea, y por consiguientes aceptamos estar instalados en ella, pero ahí mismo sabemos que, absurda o falsa o trucada, la realidad es un fracaso del hombre aunque no lo sea del pajarito que vuela sin hacerse preguntas y se muere sin saberlo. Así, fatalmente, si acabamos de aceptar lo dicho en 3), hay que pasar a 4). Esta realidad, a nivel de 3), es una estafa y hay que cambiarla. Aquí bifurcación, 5 a) y 5 b):

      – Ufa – dice Marcos. 

5 a) Cambiar la realidad para mí sólo – continúa el que te dije – es viejo y factible: Meister Eckart, Meister Zen, Meister Vedanta. Descubrir que el yo es ilusión, cultivar su jardín, ser santo, a la caza darle alcance, etcétera. No.

– Hacés bien – dice Marcos.

 5 b) Cambiar la realidad para todos – continúa el que te dije – es aceptar que todos son (deberían ser) lo que yo, y de alguna manera fundar lo real como humanidad. Eso significa admitir la historia, es decir la carrera humana por una pista falsa, una realidad aceptada hasta ahora como real y así nos va. Consecuencia, hay un solo deber y es encontrar la buena pista. Método, la revolución. Sí.

        – Che – dice Marcos – vos para los simplismos y las tautologías, pibe.

        – Es mi librito rojo de todas las mañanas – dice el que te dije –, y reconocé que si todo el mundo creyera en esos simplismos, a la Shell Mex no le seria tan fácil ponerte un tigre en el motor.

        – Es la Esso – dice Ludmilla, que tiene un Citroën de dos caballos al parecer paralizados de terror por el tigre puesto que se paran en cada esquina y el que te dije o yo o cualquiera tiene que empujar a las puteadas.

* Julio Cortázar en Libro de Manuel p.17. 

Un fragmento de …

Diferencias

Cierta vez un entrenador al que le voy a perdonar el nombre, me descubrió con un libro:

– ¿Qué lees? – preguntó. 

– A Mario Benedetti – contesté. 

– ¿Y para qué? – siguió. 

– Para olvidarme del fútbol.

– No te tienes que olvidar. 

– Es que si pienso todo el día en lo mismo termino nervioso. 

– Tienes que estar nervioso.

– Voy a terminar enfermo. 

– Te tienes que enfermar. 

Lo que teníamos, como pueden ver, eran diferencias de criterio sobre la mejor manera de consumir la espera entre partidos: lo que yo entendía como un problema, el lo veía como una solución. * 

Este fragmento sin duda me hace recordar cuando ingresaba al salón de clases a la materia de Telecomunicaciones con mi libro de Último Round de Julio Cortázar; hoy sigue ocurriendo lo mismo mi inquietud me hace pasear en distintos canales, creo de no hacerlo ya habría enfermado. 

* Jorge Valdano en Los Cuadernos de Valdano. 

Papeles Inesperados

Cuando lo leí me dio bastante gusto, encontrarse con esta noticia ha sido verdaderamente una sorpresa.

La nota comienza con lo siguiente:

El escritor Julio Cortázar regresó a Buenos Aires para encantar a sus lectores con Papeles inesperados, el compilado de inéditos que ya se convirtió en un éxito de ventas y fue la estrella de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

El más reciente libro del autor que nació en Bruselas, creció en Buenos Aires y murió en París voló del stand de Alfaguara en la Feria desde que el 2 de mayo fue puesto en los estantes, y se espera que ocurra lo mismo a fin de mes, cuando llegue a España y a México.

Agradable sorpresa aparececía acompañando esta noticia. Nadie lo esperaba, nadie lo imaginaba; a tantos años de su muerte aún seguimos entretenidos con el extraordinario legado de su obra y de pronto nos aparece un material inédito.

Papeles Inesperados está por llegar y habrá que dedicarle minutos de lectura.

Bienvenido de nueva cuenta Julio, siempre de alguna manera hay una sorpresa en cada una de tus páginas, la misma que nos acompaña y es nuestra cómplice en cada una de nuestras lecturas.

una novela

Mi comentario

Sin duda alguna una novela que me gustó bastante cuando la leí fue «La amigdalitis de Tarzán». Una novela bastante melosa, una novela con contenido romántico y hecha para personas que también compartan esa misma visión.

Y aunque es una novela romántica, desafortunadamente no es una novela en donde el lector sea testigo de un encuentro amoroso, sino esta es una historia más de una relación imposible, de una relación que es muy especial, pero que siempre a final de cuentas se queda a nada de ese encuentro y pues siempre se queda en esa amistad especial.

Mala fortuna de Juan Manuel y sus constantes encuentros y desencuentros con Mia…

Comentarios de otros

La amigdalitis de Tarzán

Fernanda María de la Trinidad del Monte Montes, Fernanda Mía, o tuya, nació un 27 de septiembre, conoció a Juan Manuel Carpio un 12 de febrero de 1967 en Roma. Historia de amor que «es mejor por carta» y sin embargo transmite una gran emoción en los momentos en que Fernanda y Juan Manuel logran sintonizar el Estimated time of arrival (ETA). Historia de amor pero también de camaradería puesto que ninguno de los dos desea hacerle daño a nadie.

Que alegre y qué triste también. Mi corazón da vuelcos con las fechas y con esos detalles de personalización, de la construcción de un amor que se va desarrollando a través de las cartas de María Fernanda y de las reflexiones profundas, y a veces confundidas, de Juan Manuel Carpio.

Y para que, en cambio, el ETA de Bryce Echenique no falle, la última carta es del 7 de septiembre de 1997, y la última fecha, agarrados de la mano frente a la luna, del 27 de septiembre de 1997.

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Un libro recomendado sobre parejas epistolares

Sugiero la lectura del libro «La amigdalitis de Tarzán» de Alfredo Bryce Echenique, que aborda la historia de una pareja que terminará diciendo (no les estoy contando el final de la historia): «Eramos mejor por carta», refiriéndose a la caída de la ilusión que menciona la nota de Clarín del viernes..
Martina

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Una carta, extraída de la novela:

Mío:

Cansada y con poca gana he caminado por las calles. Un músico ciego tocaba eso de A kiss is just a kiss. El sol quiso salir un poco. Y sobre todo las calles se sienten tristes. Me hace una enorme falta tu presencia cariñosa, cuidadosa, paciente. Por eso he entrado a un café para estar contigo, como siempre has estado, como nunca has estado, como estás y estarás.

No me gusta comenzar esta correspondencia, porque la correspondencia es distancia y las palabras son unas desgraciadas que en cualquier descuido se apoderan de la situación. Prepotentes de mierda, que nos envuelven…

Dentro de la sencillez y la torpeza de una taza de café al amanecer.
Te quiero, te extraño, me siento mal, te abrazo, te adoro,

Tuya

La amigdalitis de Tarzán, última de las novelas publicadas por Alfredo Bryce Echenique, narra la relación amorosa de dos personajes a lo largo de treinta años. Pero como cada uno siente a su manera el dolor de garganta, a continuación ofrecemos un fragmento de una entrevista realizada al autor de esta obra:

P.-¿Qué cosas raras le están sucediendo ahora?
R.-Sobre todo me están pasando cosas aburridísimas, torturantes: no veo la hora de terminar con esto, no tiene nada que ver con el regreso a un país, te ponen tantas trabas para realizar tu sueño. Probablemente estoy viviendo el momento más difícil de mi vida.

P.-¿Quién es en realidad María Fernanda de la Trinidad, etc, etc?
R.-Es un personaje realmente inventado. Mis amigos me preguntan, pero de dónde te has sacado a ésta que no la conocíamos.

P.-¿Cree que el lector cómplice va a encontrar su propia biografía en La amigdalitis de Tarzán?
R.-Sí, creo que la gente va a tomar conciencia de cuántas veces ha perdido la hora de llegada en la vida y no se ha dado cuenta.

P.-¿Hay quienes sí llegan a tiempo?
R.-Pues sí, los seres maduros llegan a tiempo.

P.-«Los escritores somos tres o cuatro obsesiones, luego hay algunos que tienen una sola y por eso son mejores». ¿Cuáles son sus obsesiones, Bryce, numeradas? R.-Creo que soy una persona de una sola obsesión, que apuesta por la amistad, por la lealtad, por la fidelidad: tengo todas las cartas a un solo número.