Una vez más y con un cuento nuevo, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique me ha dado una grata experiencia literaria. Ahora con el cuento “Una mano en las cuerdas”. Aquí escribo un fragmento del cuento:
Una mano en las cuerdas
(Páginas de un diario)
…
7 de febrero
¡Cecilia no sabe cuánto la quiero! Es tan difícil decir todo lo que uno siente. Hoy, por ejemplo, cuando regresábamos de la piscina, ella me dijo que sus padres la habían amenazado con ponerla interna porque sus notas no habían sido muy buenas. Me di cuenta de que eso le preocupaba mucho. Hubiera querido abrazarla. Hubiera querido decirle que si la mandaban interna, yo iría a verla todos los días por la ventana del colegio (no sé cómo, porque yo también estoy interno). Quise decirle tantas cosas, y sólo me atreví a decir que no se preocupara, que todos los padres dicen lo mismo. Es terrible lo poco que uno dice, y lo mucho que siente. La quiero tanto…
17 de febrero
-Cecilia. ¿Me permites hacer una locura?
-Todo depende de lo que sea.
-Di que sí. Es una tontería.
-Bueno, pero dime de qué se trata.
-¿Lo harás?
-Sí, pero dímelo.
-¿Podrías subirte un momento sobre este pilar?
-Bueno, pero estás chiflado.
La amaba mientras subía al muro, y le parecía que era una muchacha maravillosa porque había aceptado subir. Desde la vereda, Manolo la contemplaba mientras se llevaba ambas manos a las rodillas, cubriéndose con su falda para que no le viera las piernas.
-Ya, Manolo. Apúrate. Nos van a ver, y van a pensar que estamos locos.
-Te quiero, Cecilia. Tienes que ser mi enamorada.