Poesía del favorito

Salvo el crepúsculo, uno de los libros que conseguí hace tiempo, en esas librerías de tradición donde uno hurga con el entusiasmo de sorprenderse en cualquier instante, donde las historias de cada pieza resaltan el valor que consumo la imprenta. 

Un poema consentido de ese libro, de los últimos regalos que nos entregó: 

Después de las fiestas

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados *

* Julio Cortázar en Salvo el crepúsculo.