IV. México – Buenos Aires
Los días habían pasado desde aquella despedida; el encuentro con Cecilia aún no llegado. Ahora platican después de todo esto, Pablo y Sebastián.
– Sebastián, seré sincero, todo parecía que aquel día era el último que vería a Andrea, pero creo que no será así. Cada día que pasa es más difícil sostener esa decisión, porque ella es la mujer a la que amo, la que le da significado a mi búsqueda. Ella es la que despierta a esa persona que me gusta ser. Andrea es todo eso y muchas cosas más y por esas razones no la puedo dejar, sé que suena absurdo pero en estos momentos no puedo amar a otra persona que no sea ella.
– ¿A quién le hablas Pablo? Me tratas de dar una explicación o de justificarte. Porque no existe razón para que lo hagas, tú bien sabes que me encuentro en una situación muy similar, y sería el menos indicado para hablar sobre tu decisión, pues sé que el día de mañana podría ir con Cecilia y hacer exactamente lo mismo. Sé que Andrea es tu gran tormenta de emociones y solo hasta que pruebes eso que algo muy dentro de tu ser está pidiendo encontrar, seguramente el panorama se abrirá y ahora sí podrás definir si Andrea es lo que quieres o solo era una obsesión.
-Sabemos que en esto las respuestas están ahí, sin embargo seguimos pensando en ellas como huéspedes especiales de esta pensión. ¿No lo crees?
-Se escuchó chistoso eso, en una de esas te robo la idea y hasta un cuento me animo a escribir.
-No estaría mal. -¿Y Cecilia?¿Cuándo se va? ¿Aún no la has visto verdad?
-Desde la fiesta no sé nada de ella, sé que no es mucho el tiempo que estará por acá.
-¿Y le vas a marcar?
-Prefiero resistirme por el momento.
Mientras tanto, en otro lado de la ciudad. Cecilia está a un día de regresar a Buenos Aires, el proyecto había concluido. El boleto marcaba el destino de regreso. Cecilia habló poco con Román, pero recordaba que una sorpresa le esperaba al regreso, aunque no tenía idea de los planes de su novio. Ahora solo pensaba en poder encontrarse con Sebastián. Cecilia decide marcarle y conseguir a como de lugar un encuentro con él.
-Sebastián, que bueno encontrarte.
– Cecilia, gusto saber de ti, ¿cómo estás?
– Bien, solo que mañana me voy y no quiero irme sin verte.
-¿Mañana te vas?, tan pronto, pensé que te quedarías más tiempo.
-No, el proyecto terminó y es momento de regresar, ¿te parecería si nos vemos ahora? Se que suena apresurado, pero mañana me voy.
-Está bien, te entiendo perfectamente ¿dónde nos vemos?
– Te parece, mismo lugar de siempre.
-Está bien, nos vemos ahí en una hora.
El café de las hojas azules, estaba listo para un encuentro que tenía años de no ocurrir, y que ahora los vuelve a unir en un encuentro casual una vez más.
-Hace cuanto tiempo estábamos por aquí.
-Si, hace mucho tiempo.
-¿Quién iba a imaginar que después de tanto tiempo estaríamos de nuevo en este lugar?
-Sí, solo que ahora estamos a instantes de una despedida más.
-No digas cosas tristes.
-Este instante es único y mañana quizás estemos en otras situaciones.
-Sí, instantes que siempre quedan para el recuerdo.
-Como aquella vez de las luces, ¿lo recuerdas?
-¡Como olvidarlo!
-¿Y te acuerdas de…?
La conversación seguía y seguía, el paseo por los recuerdos los tenía en un encuentro para recordar como buenos cómplices que siempre han sido.
-Te voy a hacer una pregunta.
– A ver.
-Cecilia, ¿crees que mi corazón siga respondiendo al tuyo?
Una pregunta que se sentía y que le daba un sabor especial al encuentro, y quizá con la respuesta darle lugar a muchos sentimientos y pensamientos. El abrazo, la despedida y el te voy a extrañar mucho eran los ingredientes de la despedida. Una despedida que anunciaba que esta pareja ni en novelas se podría unir. Ahora es momento de que cada uno tome su camino, el cual los lleva de regreso a casa.
Sebastián llega a casa, encuentra a Pablo despierto.
-¿Aún despierto?
-Sí, leyendo un poco.
-Que tal, ¿como te fue?
-Bien, muy bien.
-¿Y se va a quedar o te nos vas a Buenos Aires?
-Parece que ninguna, sonrié Sebastián.
-¿Y en qué quedaron o qué pasó?
-Ha sido un muy buen encuentro, no puedo negar lo que siento por ella, pero siento que mi corazón ya no quiere buscar refugio en su pensión.
-Al menos, la situación no es triste.
-No, fue muy positivo el encuentro.
-¿Y tú, como vas con Andrea?
-Ni lo menciones, me acabó de enterar que regresó con el que era su novio. Me imagino que algo te contó de él.
-Si, algo me mencionó en la fiesta. ¿Y porqué, si me contaba que no era buena la relación?
-Pues ya ves, parece que a alguien le gusta sufrir. Oye ¿y Elisa?
– Vaya pregunta, tengo que hablar con ella. Tengo que compartirle lo que siento y espero me pueda entender.
-Sí, es lo más honesto de tu parte.
-Pues sí.
-Hermano, sin duda que debemos aprender de las experiencias y seguir adelante, esperando que uno de estos días llegue la huésped más especial a pedir una estancia definitiva en esta pensión.
-Si, nada me daría más gusto.
Horas más tarde, el destino decía: Buenos Aires; donde Román y la sorpresa esperan a Cecilia. Ahora ella va rumbo a Argentina, inquieta por el regreso a México y por la sorpresa que Román le prometió. Ahora ella está de regreso y Román la espera impaciente, ahora se encuentran con un abrazo, parece que no tan eufórico como el de la despedida.
-Cecilia, te extrañé tanto.
-Pero si solo fueron unos días -sonríe ella.
-Para mí, una eternidad.
-Y a todo esto, ¿cuál es tu sorpresa? me venía acordando hace unos instantes.
-¿Quieres saber ya?
-Anda ya.
-A mí me emociona demasiado.
-Anda, anda.
-Está bien. Cecilia esto es para ti, -entrega un anillo.
Cecilia no da lugar a la sorpresa.
-¿Y esto?
-Cecilia, la sorpresa es el anillo y preguntarte ¿si quieres casarte conmigo?
-Pero Román.
-Cecilia, eres la mujer de mi vida y quiero compartirla contigo.
-Así que esta es la sorpresa, pues vaya que me has sorprendido.
-¿Y qué me tienes que decir?
-Román, todo esto me sorprende demasiado.
-Si quieres no contestes ahora.
La pregunta sacudió a Cecilia, no imaginaba que esta fuera la sorpresa; la respuesta no necesita expresarla para que ustedes sepan cual fue. Días después el proyecto de Cecilia en esta ciudad ha concluido; ahora planea el regreso a ciudad de México, el cual parece ser definitivo.
Meses después el regreso se confirmaba y mientras tanto en la ciudad de México.
-Sebastián, está sonando el teléfono, ¿porqué no contestas?
-Ya voy, ya voy, creo que es para mí. Contesta por favor Pablo.
Pablo contesta el teléfono.
-¿Bueno?
-¿Está Sebastián?
– Si.
– ¿Quién lo busca?
– Laila.
-¿Laila?
– Ahorita le llamo…
– Sebastián, te habla Laila. ¿y ella quién es?
– Luego te cuento hermano, luego te cuento…