La Pensión (III)

III. Hablando de sorpresas

Los días pasaron, el encuentro esperado contaba los días para una fiesta que se organizaba en casa de Sebastián. ¿El pretexto? el cumpleaños de un amigo muy cercano de Sebastián y Pablo. La reunión comenzaba y poco a poco los amigos llegaban. Elías, uno de los amigos de antaño de los hermanos, pregunta por Pablo quien al parecer aún no llega a casa.

-¿Y tu hermano dónde anda?
-Ya viene en camino, no debe de tardar.

Y justamente cuando Elías pregunta, ahora suena el teléfono de Sebastián.

-Por cierto, es él.
– Pablo, ¿ya vienes? Aquí Elías y los demás preguntan por ti
– Si, ya voy y quizás me acompaña alguien.
– ¿Quién?
– Andrea.
– Vaya, vaya. Hasta que por fin se me hará conocerla.
– Aún no es seguro, espero que me pueda acompañar.
– Bueno, los esperamos y por lo pronto apúrate.
– Sí, ya voy en camino; nada más resuelvo lo de Andrea y en unos minutos estamos allá.

Cuelga el teléfono e inmediatamente la curiosidad se ha despertado en Sebastián, pues desde hace tiempo quiere darle forma a la mujer que le quita el sueño a su hermano. Los minutos pasaron y por fin llegó Pablo a la fiesta y en efecto viene con alguien. Se acerca con sus amigos y comienza a saludarlos.

-Sebastián, te presento a Andrea.
-Hasta que por fin nos conocemos.
-Si verdad, ya era momento – responde Andrea.
-Bueno, los dejo un momento, sirve de que se conocen, voy a ver a los demás.

El instante sirvió para que Sebastián y Andrea se conocieran, y así poder saber un poco más de los mundos de cada uno de ellos.

-¿Sabes algo Sebastián? – agrega Andrea.
-¿Qué pasa?
-Ahorita estoy pasando por un momento muy difícil, parece que me gusta sufrir en esto del amor.
-¿Y eso?
-Enamorarse de la persona equivocada y sin embargo aferrarse a algo que no es posible.
-Sí, vaya que si; es algo que suele pasar.
-¿Y tú corazón como está Sebastián?
-Que te puedo decir, mejor sígueme platicando -sonrié Sebastián.

La plática continuó, y asi permitir el acercamiento entre los mundos de estos dos mortales. Instantes después Pablo busca un momento para platicar con Sebastián, ahora se lo encuentra en el pasillo.

– Hermano, ¿qué dices al respecto?
– Empiezo a conocer los ingredientes que te tienen así.
– Así es, y aunque ya no quiero nada con ella, cada vez me aferro más. ¿No sé que hacer?
– Sí ya me di cuenta.
– La amo demasiado, pero esto tiene que acabar.
– Pablo, sabemos las respuestas.
– Lo sé, pero a veces no es tan fácil.
– Eso si, son situaciones que nunca serán fáciles de manejar.
– La amo, sabes que así es.
– Lo sé perfectamente; es momento de tomar una decisión. Bien sabes que ya no puedes estar así
-Si, no me siento bien. Mira ella tan sonriente. La quiero Sebastián.
-Te entiendo Pablo.
– Por cierto, ¿y a todo esto, no se supone que Cecilia estaría aquí también?
-Lo has dicho bien, se supone que ya debería estar por aquí, no puede faltar.
-¿Estás seguro de que va a venir?
-Si, no puede faltar, además las sorpresas están preparadas.
-Si, eso si, espero que no falle de nuevo. Aunque esto me suena a la misma historia de siempre.

El tiempo pasa y ahora comienza a inquietarse Sebastián, suena su teléfono, es Cecilia.

-Sebastián, te vas a molestar. No voy a poder ir. He tenido un contratiempo.
-¿Y eso?
-Han ocurrido miles de cosas. Sabes que me hubiera gustado estar ahí, pero ya luego te contaré los detalles.
-¿Estás bien?
-Sí, todo está bien, solo unos detalles que tengo que resolver.
-Está bien, luego platicamos.
-Te cuento luego, espero que no te haya molestado. Te mando un abrazo.
-Gracias, nos hablamos.

Interviene Pablo.

¿Era Cecilia? ¿Qué pasó con ella?
-No vendrá, me acaba de marcar que surgió un contratiempo.
-Que mal, no será la primera vez verdad.¿Y según ella porqué no puede venir?
-No lo sé, no me dijo los detalles.
-Está bien, ella se lo pierde. Por cierto, al rato voy a ir a dejar a Andrea a su casa; pero de paso aprovecharé para hablar con ella.
-¿Y eso?
-Necesito expresar lo que siento, ya no puedo estar así. Y aprovechando, ¿puedo hacer uso de las flores? al fin ya no se las darás a Cecilia.
-Adelante Pablo, conquístala.
-No creo, es para darle un detalle en nuestra despedida.
-¿Por qué dices eso?
-Ya te contaré después.

Pablo aún no estaba convencido de lo que iba a hacer, realmente no lo iba a estar, pero al menos esa era la intención. Andrea nunca imaginó la sorpresa que preparaba Pablo; así que tomó las flores y la acompañó a su casa.

-¿Y qué vas a hacer mañana? pregunta Andrea.
– Aún no lo sé.
– Si te parece nos podemos ver un rato.
– No creo, pero yo te aviso.

Andrea notaba un poco serio y distraído a Pablo, ahora van rumbo a casa. Suben un poco el volumen de la radio. Ahora llegan a su casa, Pablo le dice que espere en el carro. Se dirige a la cajuela por las flores. Ella se asoma por el retrovisor y se sorprende al verlo con unas flores. Pablo abre la puerta decidido a comenzar con su monólogo.

-¡Andrea, esto es para ti!– entrega las flores-. Y no digas más, que esto es por la despedida.
-Pero, ¿qué pasa?
-Solo quiero decir que hasta aquí llegamos y no digas más para que no sea más difícil esto.
-Pero, ¿por qué?
-No hay más que decir,
-Pero, ¿qué pasa Pablo?
-No digas más Andrea.

Pablo la abraza, la noche es testigo de la despedida. Ahora sube a su carro y ella solamente lo ve partir.

Deja un comentario