La Pensión (II)

II. Bienvenida a casa

El vuelo proveniente de Buenos Aires está a punto de aterrizar en la ciudad de México.

-De nuevo en mi país. Hace tanto que me fui y tanto que extraño estar por aquí.

Cecilia llega al aeropuerto de la ciudad de México. Sus padres la esperan ansiosamente.

-Ya quiero verla –dijo su mamá.
-Espera unos minutos, ya hemos esperado bastante, -dice su papá.

Cecilia, ya está en el aeropuerto; alcanza a observar a sus padres. Aunque ellos aún no la han visto, ella corre hacia donde están. El encuentro con sus padres ha sido un momento muy esperado, es algo con lo que había soñado desde que dejó el país.

-Los he extrañado demasiado.

– Nosotros también.
– Sí, porque a pesar de comunicarnos frecuentemente, no hay nada mejor que poder estar con ustedes y abrazarlos.

El camino la ha regresado a casa, donde tanto tiempo paso, y que ahora provoca en ella bastante nostalgia. Sonidos, colores e imágenes son parte de instantes que Cecilia realmente nunca olvidó.


-Mamá, no me digas que todo este tiempo has cuidado de mi recámara.
-Aún eres hija de familia, sabía que cualquier día regresarías y por eso todo está tal y como lo dejaste.
-Gracias, de hecho luce mejor que cuando vivía aquí -sonríe.
Este era el espacio más íntimo de Cecilia, ahora la tiene de vuelta. Comienza a buscar en los cajones, donde los recuerdos están en todas partes, ahora se encuentra con una nota, comienza a leerla, es de Sebastián.

¿Por qué no me lleve esta nota?, Sebastián, ¿qué estarás haciendo?, ¿habrás leído mi correo?

Mientras tanto, en alguna parte de la ciudad. Sebastián se encuentra acostado, mientras escucha un poco de música y su pensamiento va de aquí a allá.

Suena su teléfono, es Elisa

– ¿Bueno?
– ¡Hola!
– Elisa, ¿cómo estás?
– Bien, pero ya no supe nada de ti, ¿cómo te fue en la presentación?
– Muy bien, la gente salió muy contenta.
– Que bien, pues te esforzaste bastante.
– Así es y ahora estoy en mi casa.
– ¿Y eso?
– Me dieron la tarde como recompensa.
– ¿Y qué haces ahora? –pregunta ella-.
– Descansando, mientras escucho un poco de música
– ¿Y no te gustaría vernos al rato?, sirve que festejamos que te fue bien con la presentación.

– Mejor otro día, estoy un poco cansado.
– Bueno, está bien, entiendo y mejor te dejo descansar.
– Gracias, Elisa.
– Sebastián, te amo. Descansa.

– Igual.

Cuelgan el teléfono. Sebastián se recuesta, sube el volumen a la música. Segundos después suena el teléfono de su casa.

-¿Y ahora quién?

Ahora baja el volumen y contesta el teléfono.

-Bueno
-Sebastián, habla Cecilia. Ya estoy aquí.

No había más que decir, solo bastó con que mencionara su nombre para traer los recuerdos de golpe en ese instante

– No lo puedo creer. ¿Y eso? ¿Volviste?
– Si ya estoy en México, pero si quieres me regreso.
– ¿Desde cuándo?
– Desde hoy, llegué hace un rato.

– Sí, recibí un mensaje, pero no hay duda que es una sorpresa escucharte.
Los minutos pasaban, la conversación se extendía, había tanto que contar. Y después de algunos temas, una pregunta. Una pregunta que se había quedado esperando tanto tiempo y que se desvanecía al irse ella a Buenos Aires.

-¿Y cuándo nos vemos?

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