Aquí un fragmento de «Las notas que duermen en las cuerdas» de una colección de cuentos llamada «Un huerto cerrado» -el cual es uno de mis favoritos y en el cual aparece uno de los personajes favoritos, llamado Manolo-.
Aquí el fragmento
Hacia el mediodía, Manolo salió a caminar. Contaba los automóviles que encontraba, las ventanas de las casas, los árboles en los jardines, y trataba de recordar el nombre de cada planta. Esos paseos que uno hace para no pensar eran cada día más frecuentes. Algo no marchaba bien.
En el patio, Manolo acariciaba a su perro. Le parecía que tenía algo que decir. Algo que decirle a alguna persona que no conocía; a muchas personas que no conocía. Escuchaba el estallido de los cohetes, y sentía deseos de salir a caminar.
Hacia las tres de la madrugada, Manolo continuaba su extraño paseo. Hacia las cuatro de la madrugada, un hombre quedó sorprendido, al cruzarse con un muchacho de unos quince años, que caminaba con el rostro bañado en lágrimas.