Nueve veces el asombro.
El sábado pasado en el Confabulario de El Universal, aparece en la portada un artículo titulado Palabras para morder entre amantes de Alberto Ruy Sánchez.
Y es por esta razón, para comenzar a acercarnos a las raíces de Mogador que incluyo aquí un breve fragmento de este libro, que es parte de los fragmentos publicados en el sitio oficial de ARS:
DEL
TIEMPO
EN MOGADOR
22. Que el corazón en Mogador es el reloj más preciso o por lo menos el más respetado. Y no sólo por su constancia. Es un reloj que se enamora, que se asusta, que se conmueve. Sus sobresaltos se vuelven fechas de la vida compartida. La historia de esta ciudad es medida por corazones alterados. El ritmo de la sangre en las venas, lo que un poeta llamó “la música del cuerpo”, es algo así como el himno nacional de los mogadorianos. Y haciendo el amor con el corazón muy alterado es como mejor se le toca y canta. Tanto así que en los actos oficiales los extranjeros se asustan al oír a los más patriotas casi gemir con entusiasmo más amoroso que guerrero su himno distintivo.
23. Otro reloj muy respetado aquí es el mar y su insistencia. Las olas van y vienen sobre las murallas sembrando en la ciudad una terca sensación de tiempo que todo lo humedece sistemáticamente. La humedad de la piel, de la ropa, de los rincones, de los libros y hasta del aire es aquí una clara medida del tiempo. En Mogador el tiempo es líquido, afirman: calma la sed y ayuda en sus penetraciones a los amantes. “Al amor, dale tiempo”, es algo que se oye con frecuencia. Y con una lenta sonrisa.
24. Los péndulos del reloj del mar son las olas y las mareas. Los amantes tratan de acariciar los vientres y las espaldas que desean como si fueran oleaje. Y entran unos en otros como mareas obedeciendo a la luna, al tiempo magnético de los astros. Amar es aquí medir el tiempo. “Déjame tocar tu tiempo con las manos”, es una frase común, aunque algo desesperada, que se usa para pedir la intimidad que tanto se anhela. Pero si alguien aquí le dice con brusquedad a su amante “dame tiempo”, se considera que roza abiertamente la pornografía. Es insulto para algunos mientras que para otros es muy excitante. El tiempo en Mogador a nadie deja indiferente.
25. Otra manera de medir el tiempo en Mogador es cantando y bailando. El corazón es un tambor profundo o, si se prefiere, unas castañuelas muy escondidas bajo la piel. Es un gambri de cuerdas como venas. El tiempo baila en las venas de los amantes y aumenta su volúmen cuando la sangre incontenible llena a oleadas sus órganos sexuales. Y late y late y late, late y late reinventando el ritmo de la clave. Se baila para medir el tiempo disperso, para encontrarlo en el cuerpo de los otros como en un espejo roto. Y, si todo se hace con cierta gracia y con destreza se llega a ese momento en el que el tiempo de uno está dentro del tiempo del otro. Y se dice que un reloj está dentro de otro reloj cuando los amantes están unidos y suenan juntos o se persiguen sus latidos, como bailando. Pero cuando coinciden con precisión absoluta ocupando el trozo de tiempo, no es bueno: el tiempo se detiene, como en las crisis severas de taquicardia.
* para continuar con la lectura de algunos fragmentos del libro puedes ir al sitio oficial del autor: www.albertoruysanchez.com