Magnífico Julio

Un relato extraído de su libro Territorios, aquí tenemos una vez más al magnífico Julio Cortázar.

Aserrín aserrán

Empezaron por quitarle la pipa de la boca.
Los zapatos se los quitó el mismo, apenas el hombre
de blanco miró hacia abajo.
Le quitaron la noción del cumpleaños, los fósforos y la
corbata, la bandada de palomas en el techo de la casa
vecina, Alicia. El disco del teléfono, los pantalones.
Él ayudó a salirse del saco y los pañuelos. Por
precaución le quitaron los almohadones de la sala y esa
noción de que Ezra Pound no era un gran poeta.
Les entregó voluntariamente los anteojos de ver
cerca, los bifocales y los de sol. Los de luna casi no
los había usado y ni siquiera los vieron.
Le quitaron el alfabeto y el arroz con pollo, su
hermana muerta a los diez años, la guerra de Vietnam y los
discos de Earl Hines. Cuando le quitaron lo que faltaba
– esas cosas llevan tiempo, pero también se lo habían quitado -,
empezó a reírse.
Le quitaron la risa y el hombre de blanco esperó,
porque él sí tenía todo el tiempo necesario.
Al final pidió pan y no le dieron, pidió queso y le dieron
un hueso.
Lo que sigue lo sabe cualquier niño, pregúntele
.