Una discusión interesante

Un fragmento mas de “Libro de Manuel” de Julio Cortázar, el cual me ha gustado bastante:

Idea de esta conversación

-A todas les he hecho la vida imposible- dice por ejemplo Marcos-. Uno les pide demasiado, probablemente o no tiene suerte, elige mal. Y sin embargo no es un problema de elección porque en los demás terrenos no me puedo quejar, al contrario. Pero el entusiasmo, hermano, eso no, eso nunca.

-Tu idea del entusiasmo se parece demasiado a la de una tarántula –le digo-. Ver cualquier cosa que te llama la atención y empezar a dar saltos y manotones es todo uno.

-Me parece estar escuchando propiamente a Sonia, a Magdalena, a Lucía –dice Marcos-, y no te sigo dando nombres porque vas a creer que me hago el Frank Harris o algo así. Mirá, el entusiasmo es una manía, una crisis y yo no puedo querer de verás a nadie que en algún momento del día o de la noche no se enloquezca de alegría porque en el cine de la esquina dan una de Búster Keaton, algo así.

-Ahora comprendo que te duren tan poco, viejo.

-Anoche, por ejemplo, cuando vos hablaste de ir a comer papas fritas y dar una vuelta por el barrio de la Bolsa, Ludmilla empezó a los saltos, te acordarás, los ojos se le agrandaron hasta las orejas y era como una guitarra, no sé, algo que temblaba y vibraba y lo hacía solamente por unas papas fritas y vagar hasta el amanecer, cosas sin importancia.

-Sí, Ludmilla reacciona casi siempre así –admito-. No es precisamente por eso que la quiero, pero también cuenta, vaya sí cuenta. Ahora que es tan capaz de caerse al pozo como cualquiera. La he visto salir mojada como un gatito, acurrucarse en un rincón de las cosas y lamerse el pelo días y días, hasta descubrir de nuevo que el sol sale a eso de las seis y media.

– Con todo eso, probablemente te vas a enamorar de Ludmilla –le dije más bien a quemarropa y porque Marcos tenía toda la razón del mundo, cosa que a nadie le gusta.

– Como quieras, en todo caso yo buscaré siempre esas mujeres que inventan cada cinco minutos el aeroplano o el submarino, figurativamente hablando, que no pueden ver un par de tijeras y una hoja de papel sin recortar un conejito, que cocinan echando miel en vez de aceite en la sartén para ver qué pasa con las costillas de cerdo, y que en cualquier momento se ponen el rimel en la boca y el rouge en las cejas.

-Mutatis, mutandis, vos querés que sean como vos, rimel aparte.
-No que sean como yo, pero que me hagan sentirme yo mismo a cada minuto.
-Las musas, en una palabra *

* Julio Cortázar en Libro de Manuel, Alfaguara Literaturas, Primera Edición, p. 106-111.

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